Y las gentes de esas cajas vamos a otras cajas donde nos instruyen con los mismos libros y la misma voz, la misma voz y la misma vara para medir. Y si no ocupamos la misma medida, nos miran raro, nos señalan con esa vara. Y vamos a la universidad donde nos hacemos doctores, abogados, periodistas o grandes hombres de negocios. Y así ocupamos otras cajas con nuestros preciosos hijos que irán a colegios donde escucharán la misma voz y nosotros haremos asaderos con nuestros maravillosos vecinos; y beberemos y reiremos y todos seremos felices.
Las apuestas son altas y en una carrera siempre hay vencedores y vencidos. ¿Quién gana en esta carrera? Si el caballo ganador no gana, es expulsado de la carrera, sin opción a regresar a la competición. Y los demás seguimos corriendo, anhelando ocupar el puesto vacío del caballo ganador, guiados por nuestro bajito jockey a quien le encanta atizar con su resplandeciente látigo de cuero. Sin pensar, con las anteojeras bien calzadas que nos eviten disgustos, vamos hacia la meta, porque así somos, así nos enseñaron.
Los que no ganan se buscan la vida como pueden (y les dejan):
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