martes, 28 de febrero de 2012

Todos llevan carpetas bajo el brazo

Hábleme de su experiencia laboral, espetó sin levantar la cabeza de los papeles. Bueno, después de acabar la carrera hace dos años, empecé a trabajar en el departamento de contabilidad de una empresa donde me encargaba de los créditos… ¿Y cuánto tiempo estuvo en esa empresa? Unos 6 meses, porque… Ajá, ya veo. Máster en Administración comercial, ¿alguna cualificación más? Acabo de finalizarlo y pensaba estudiar algo más… Ya, imagino. Habla inglés, ¿y alemán? Bueno, no, pero si fuese necesario… Ajá, ya veo. Este puesto de conserje está siendo muy solicitado, en cuanto sepamos algo ya le avisaremos. "Se vende: Estado del Bienestar".

lunes, 6 de febrero de 2012

El cazador de erratas

El traje, impecablemente planchado. Elegante. La gabardina gris, entreabierta, permitía vislumbrar el reflejo de un reloj de cadena colgando del chaleco. La mirada precisa, el ademán serio, impasible. Agarra la cartera de piel negra y sale de casa, no sin antes calzarse su sombrero bombín. Comienza otra jornada ardua de trabajo.

domingo, 1 de enero de 2012

Contraseñas

Mi vida, últimamente –y ya hace algún tiempo-, es un continuo devenir de contraseñas: móvil, ordenador, correo electrónico, cuenta bancaria, microondas (¿)… Si alguien averiguase mi fecha de nacimiento, se sonrojaría de las cosas que encontraría en mi bandeja de entrada de gmail o tiraría mi móvil en el primer vertedero que encontrase tras ver las últimas fotos "artísticas".

Sin oficio ni beneficio, salgo a la calle. Enciendo el coche con la clave secreta, es decir, calentarlo durante 15 minutos y cerciorarme de que llevo bien la raya en el ojo. Luego ya sólo se trata de lanzarlo cuesta abajo. A veces esto no funciona y hay que probar con llenar el depósito de combustible, que son las que más. Luego están las contraseñas de circulación, que si dos vueltas a la rotonda, que si “la puta de tu madre” y un largo etcétera de guiños a las más variopintas expresiones populares.

sábado, 24 de diciembre de 2011

El cielo varsoviano

Castillo Real de Varsovia
Comenzaron a caer los primeros copos de nieve. Yo los veía balancearse sinuosos entre el cálido cielo varsoviano. Agarramos nuestros abrigos, bajamos a la calle y, de manera autómata, comenzamos a bailar una suerte de vals. A la mañana siguiente, con la luz del sol, vi la situación mejor y no me gustaba: el blanco se había mezclado con el hollín de los coches.